LOS IRREGULARES DE BAKER STREET

viernes, 18 de septiembre de 2015

LOS IRREGULARES POR CRISTINA JURADO




Out of context
Cristina Jurado

El día que cumplí siete años, entendí por qué en casa me llamaban Gábriel y no Gabriel o Grabié, por qué tomábamos té a las cinco en punto, y por qué mi padre lucía un bombín en cualquier época del año, aunque viviéramos en una de las zonas más calurosas del sur de España. We are Englishmen, of course!, decía él y yo no sabía a qué se refería.
Cierto que en casa se hablaba inglés, pero hasta entonces no había comprendido que aquel era un idioma distinto al de la escuela. Simplemente, no me había dado cuenta. Entonces empecé a prestar atención y comprendí que Josefa, nuestra asistenta, no entendía lo que decíamos cuando servía la mesa. Llegué a creer que se trataba de una lengua secreta inventada por mis padres para comunicarse conmigo sin hacer partícipe al resto del mundo de nuestros asuntos domésticos.
El origen de los acontecimientos en los que me he visto envuelto recientemente se remonta a unas semanas después de uno de mis cumpleaños, cuando mi abuela Margaret vino a pasar una temporada con nosotros. Era una mujer sosegada, de mejillas sonrosadas y moño tirante que olía a agua de rosas, y que hablaba siempre en voz muy baja. 

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